La iglesia de mi pueblo en el ojo de mi novia

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Me encanta recordar de dónde vengo y en dónde estoy para jamás olvidar hacia dónde voy.

martes, 6 de octubre de 2015

Rumbo a la municipalización

La historia de un sueño hecho realidad
No sólo dudaban de la legitimidad de la idea, sino también del grupo que la proponía, dado que había manifestado abiertamente que simpatizaba con el M-19, un movimiento político que tuvo su origen en la insurgencia. «Nos decían locos, guerrilleros, pelagatos, una cantidad de cosas… nadie creía en nosotros».
Por: Jairo Alberto Fuentes Fuentes
jairosky.fuentes@gmail.com

Es importante para las nuevas generaciones saber que el municipio en el cual viven hoy no se creó espontáneamente. Su creación obedece a un proceso histórico de lucha y de desarrollo que se materializó cuando un grupo de líderes visionarios decidió apostarle a la municipalización de Florencia. Aunque al principio la duda y la incredulidad invadieron al pueblo florenciano, la unidad generada en torno a un sueño en común determinó que se llegara a un final satisfactorio. Hoy Florencia es un municipio con veintidós años de vida y más de un siglo de historia. Como «un homenaje al pasado para estímulo del presente y del futuro», esta crónica cuenta, con la voz de sus actores, el proceso que llevó a Florencia rumbo a la municipalización.

La idea surge en un baile

Inicialmente es importante saber cuándo y cómo surgió la idea. Se sabe que toda obra humana tiene su génesis en una idea que determina una meta y que se constituye como una guía del actuar para conseguirla. La idea de la municipalización, aunque sorprenda, surgió en un baile organizado por sus precursores, a saber: Leidy Amparo Muñoz, Marco Navia, Marino Luna, Argemiro Córdoba, Silvio Guerrero, Nancy Gualguán, Hermis Erazo, Rangel Solarte, Gabriel Erazo, Bernardo Erazo y Jaramillo Moncayo.

Era un miércoles 30 de octubre de 1991 en la que hoy es la casa del señor Mario Rodríguez, en el barrio La Cadena, en la que entonces vivía el señor Gabriel Erazo y que era el sitio de encuentro de un grupo de jóvenes líderes que habían descubierto una nueva alternativa política en el Movimiento 19 de abril, mejor conocido como M-19, y que tenía como uno de sus representante al señor Carlos Pizarro, con quien ellos simpatizaban.

En el lugar de encuentro los líderes se reunían a celebrar victorias y derrotas. Al respecto, Argemiro Córdoba comenta: «Nosotros celebrábamos todo. Una derrota la celebrábamos, un triunfo lo celebrábamos». El 27 de octubre de 1991 habían tenido lugar las elecciones legislativas en un momento histórico importante para Colombia, donde surgía la actual Constitución Nacional.

Miembros locales de la Alianza Democrática M-19
El mayor tema de conversación de este grupo de jóvenes era el inconformismo que sentían por el abandono gubernamental que sufría Florencia como corregimiento de Mercaderes. En la reunión que precedió al baile en cuestión, los jóvenes debatieron la idea que habían obtenido de la profesora de inglés Leidy Amparo Muñoz, quien les había sembrado la inquietud de proponer la municipalización de Florencia. «La idea surgió por el inconformismo por la no presencia estatal», dice Nancy Gualguán, y continúa: «En ese momento despertamos y nos dimos cuenta de que nosotros merecíamos algo mejor, teniendo en cuenta que nosotros aportábamos votación, y votación importante, que se demostró cuando Oscar Ramiro Muñoz fue alcalde de Mercaderes».

Cuando Oscar Ramiro Muñoz, un florenciano, fue alcalde de Mercaderes, la señora Nancy Gualguán, siendo su secretaria, notó que las administraciones pasadas habían sido injustas con Florencia, pues él sí direccionó recursos para el corregimiento. «Antes no llegaba nada. Siendo la secretaria de él me di cuenta de que sí se podía, y que los alcaldes anteriores no lo habían hecho», finaliza la señora Gualguán.

La idea de la profesora Muñoz fue debatida y aprobada por los miembros locales de la Alianza Democrática M19 (AD M-19) y el baile empezó, aunque también un camino de lucha interna y externa por hacerla realidad.

La socialización de la idea

Cuando el grupo de jóvenes empezó a socializar la idea, todos los florencianos pensaron que habían enloquecido. La consideraban una idea demasiado pretensiosa y casi imposible de conseguir.

El señor Silvio Guerrero recuerda la actitud negativa de muchas familias: «Uno de los líderes políticos de ese momento me dijo que si no habían podido ellos en 50 años, menos íbamos a poder nosotros que éramos tan pocos y mucho menos perteneciendo a un movimiento de izquierda. Me dijo que era imposible».

No sólo dudaban de la legitimidad de la idea, sino también del grupo que la proponía, dado que había manifestado abiertamente que simpatizaba con el M-19, un movimiento político que tuvo su origen en la insurgencia. «Nos decían locos, guerrilleros, pelagatos, una cantidad de cosas… nadie creía en nosotros», manifiesta Argemiro Córdoba.

En medio de tanta incredulidad y señalamientos, los esfuerzos de este grupo de jóvenes visionarios aumentaron y empezaron a socializar la idea manifestando que su realización sería una gran oportunidad para el desarrollo de Florencia y su posicionamiento a nivel departamental. Jamás desistieron.

El primer paso: un candidato único florenciano a la alcaldía de Mercaderes

La primera idea que tuvieron los jóvenes fue postular a un candidato que representara los intereses de Florencia ante la alcaldía de Mercaderes. Era un objetivo difícil, pues en Florencia reinaban los partidos políticos tradicionales: liberales y conservadores, y sería dificultoso unirlos en torno a una meta en común. Sin embargo, había que hacer el intento.

«Queríamos quitarles votación a los partidos tradicionales que defendían sólo su color, pero no un ideal. Entonces aparecimos como alternativa», afirma el señor Hermis Erazo, y enfatiza: «Ahí se empezó a pensar en un candidato único de Florencia. Para eso tocaba convencer a los dos partidos tradicionales para que se unieran a la causa. Primero nos tocó ir a hablar con Oscar Muñoz. Otra comisión fue donde doña Fidelina Narváez, que eran los dos polos: conservadores y liberales. Y concretamos reunirlos a todos ellos donde doña Fidelina y darles la idea de un candidato único. De ahí sale el Movimiento Cívico Florenciano».

Fidelina Narváez, líder política liberal
No era fácil hacer coincidir a los dos partidos tradicionales, pues llevaban a cuestas una larga historia de disputas políticas. Sin embargo, dada la insistencia del grupo de líderes y la claridad de sus ideales, lograron reunirlos en varias ocasiones para armar una coalición que representara a Florencia. Al respecto, el señor Silvio Guerrero expresa con jocosidad: «Los que no se habían podido unir entre ellos, nosotros los unimos», y Argemiro Córdoba agrega: «En las reuniones ellos no se atrevían a mirarse de frente; permanecían agachados mientras nosotros les expresábamos la idea».

Después de varios diálogos, y cuando los líderes de los partidos políticos tradicionales por fin habían cedido, se constituyó el Movimiento Cívico Florenciano, del cual saldría el candidato que representaría a Florencia en las elecciones para alcalde de Mercaderes, y quien desde ese cargo facilitaría el proceso de municipalización. El problema ahora era seleccionar al candidato.

En busca del candidato

Argemiro Córdoba recuerda el proceso de selección: «Para eso se barajaron muchos nombres: Dagoberto Benítez, Augusto Ortega, entre otros». Nancy Gualguán recuerda que su nombre estuvo entre los postulados; sin embargo, consideraba prematura la idea: «A mí me propusieron, pero uno debe ser honesto y admitir que en ese tiempo era muy prematuro. Estamos hablando del 92. Yo era sólo una bachiller. Y no me creía menos, pero uno debe ser honesto. Era prematuro por no tener aún un estudio, ni recursos para una campaña, y por el enfrentamiento con los candidatos de Mercaderes, porque eran duros».

Después de contemplar muchas opciones y de enfrentar la indecisión de muchos postulados, finalmente se eligió al ingeniero Libio Ortega como el candidato florenciano. Las palabras del señor Libio al aceptar la postulación fueron: «Nunca he hecho algo por Florencia. Este es el momento para hacerlo».

Hermis Erazo considera este suceso como el momento coyuntural del proceso de municipalización. «Con el candidato propio ya se venía gestando la idea de la separación de Mercaderes. Si ganábamos las elecciones, el primer compromiso de Libio era que nos separábamos», expresa Erazo. Y Argemiro Córdoba agrega: «Convencimos a los partidos tradicionales para que se unieran a nosotros diciéndoles que nosotros éramos un nuevo partido que salía pero con propósitos sociales, no con unos fines burocráticos».

El florero de Llorente

A pesar de la gran confluencia de los florencianos alrededor de la candidatura del ingeniero Libio Ortega, éste salió derrotado en las elecciones. La nueva alcaldesa de Mercaderes fue la señora Nuren Sánchez de Perdomo. El día en que esto sucedió, los florencianos se enfurecieron, y fue en ese momento cuando las razones que sustentaban la iniciativa de municipalización aumentaron. Ese suceso fue el catalizador del proceso. Al respecto, el señor Silvio Guerrero hace una analogía con el florero de Llorente, asimilando la municipalización de Florencia con la independencia de Colombia: «Cuando Libio perdió las elecciones fue como el florero de Llorente», expresa el señor Guerrero. «¡Ahí sí nos emberracamos!», agrega Nancy Gualguán.

En aquel entonces, aunque la mayoría de florencianos estaba de acuerdo con la municipalización, hubo familias que aún mostraban su desacuerdo, quizá por conveniencias políticas. «Incluso algunas personas votaron por Nuren porque no estaban de acuerdo con la municipalización. Fueron cinco familias que no apoyaron a Libio», manifiesta la señora Gualguán, reservándose para sí los nombres, que no vienen al caso.

La lucha continúa

Después de que Libio Ortega perdiera las elecciones, el grupo de jóvenes, ahora con muchos aliados, continuó el proceso con mucha más fuerza. «Nosotros empezamos el proceso en la alcaldía de Nuren, cuando perdió Libio. Ella era otra que nos desafiaba», recuerda Nancy Gualguán.

Una vez armado el grupo de trabajo, se empezaron a formar comisiones que viajarían a la ciudad de Popayán para dialogar con los Diputados de la Asamblea Departamental y con el Gobernador del Cauca para solicitar su cooperación. Una ventaja era contar con el apoyo del diputado Francisco Fuentes y del gobernador Temístocles Ortega Narváez, con quienes, en sus respectivas campañas, se había hecho previamente el compromiso de colaboración. Nancy Gualguán asegura que «ese momento fue la hora precisa. A Temístocles Ortega se le pidió un compromiso de que si ganaba las elecciones para gobernador nos ayudara, y a Francisco Fuentes también, que era candidato a la Asamblea Departamental. Todo se nos prestó». Por su parte, Argemiro Córdoba manifiesta: «Nosotros empezamos a buscar contactos a nivel departamental y nacional. Y aquí hacíamos actividades: empanadas, rifas… porque necesitábamos plata y a nosotros nadie nos colaboraba. Hacíamos diversas reuniones, en las que nos visitaban personas del departamento y de la nación, como el delegado de planeación nacional, el señor Oswaldo Mejía, que vino gracias a la gestión del doctor José Toribio Paz, que era el encargado de hacer los trámites burocráticos en Bogotá».

La venida del delegado de Planeación Nacional fue un paso importante. Muchas personas lo ayudaron y acompañaron en su trabajo durante su permanencia en Florencia, en la que verificaría que el pueblo contaba con los requerimientos necesarios para ser municipio: que tenía suficiente población, territorio y producción agrícola, incluso para abastecer a municipio aledaños como El Bordo, Bolívar, La Unión, Mercaderes, San Pablo y Cali.

Las comisiones siempre estuvieron activas. Viajaban constantemente a Popayán para cerciorarse de que el proceso iba por buen camino. Cada vez que llevaban algún material solicitado preguntaban cuál era el siguiente requisito y empezaban a trabajar de inmediato en él. Dos requisitos importantes eran la determinación de la población florenciana, para lo cual se recolectaron firmas en un censo realizado por los mismos habitantes divididos en comisiones. Para este proceso se visitaron una a una las veredas, incluso se visitaron veredas de otros municipios para inflar el censo. Tal fue el caso de Portachuelo, Esmeraldas, Santander y Los Alpes, que manifestaban estar de acuerdo con la municipalización. Además, se delimitó geográficamente el municipio para determinar su territorio y sus límites. Aquí fue importante la ayuda del presbítero Manuel Romo, quien brindaba su acompañamiento a las veredas, la del señor Gerardo Escobar, que siempre tuvo su carro a disposición para viajar adonde fuera necesario, y la de los señores Nectario Daza y Tito Moncayo, dos líderes del Movimiento Cívico Florenciano.

Cuando el delegado de Planeación Nacional visitó Florencia todos trabajaron para que su estadía fuera amena y se llevara la mejor impresión del trabajo en equipo de los habitantes de este pueblo. Para alegría de todos los florencianos, el concepto del señor Oswaldo Mejía fue satisfactorio. Sus palabras fueron: «En Florencia está todo listo. Ahora todo depende de Mercaderes».

Soñar no cuesta nada

Lo que parecía ser la tarea más difícil resultó ser la menos complicada. Se precisaba de un visto bueno expedido por la alcaldesa de Mercaderes, la señora Nuren Sánchez, quien desde un principio se había mostrado reacia a la iniciativa de la municipalización de Florencia. Cuando se le solicitó la constancia, donde se debía manifestar que la segregación de Florencia del territorio mercadereño no los afectaba en ningún sentido, la señora Nuren Sánchez no tuvo ningún reparo en otorgarla. Su actitud siempre fue incrédula y burlona. «Cuando ella nos firmó el visto bueno dijo: ‘soñar no cuesta nada’. Ella nos dio la constancia riéndose», manifiesta Nancy Gualguán.

Hermis Erazo también recuerda los comentarios despectivos de la señora Sánchez: «Ella decía: ‘Los de Florencia dicen que esto va a ser municipio. Hay que dejarlos, ellos también tienen derecho a expresarse’. Pero tocaba aguantarse, porque sin ese permiso, que era un requisito, el proceso no podía seguir».

Después de tener el visto bueno de Mercaderes, el sueño de municipalización empezaba a materializarse. Se trabajaba de día y de noche. Se hacían reuniones y visitas constantes con las autoridades departamentales. La señora Nancy Gualguán comenta una anécdota: «Nosotros pasábamos por Mercaderes de noche y decíamos ‘¡cuando Mercaderes duerme, Florencia trabaja!’».

Ahora, los que en un principio consideraron la idea loca e imposible trabajaban a la par con los demás para lograr el anhelado sueño. «Lo que determinó que la gente empezara a creer en la idea fue la gran votación que se logró cuando Libio Ortega se postuló a la alcaldía de Mercaderes», señala Nancy Gualguán. Y Hermis Erazo añade: «Se demostró que Florencia unido trabajaba mejor que por separado. En ese tiempo ya se empezó a mirar que el doctor Oscar venía a visitar a doña Fidelina. Y antes no se podían ni ver. Se instituyó el respeto político y la amistad. Porque había algo en común que nos identificaba a todos».

Un parto normal

Desde la venida del delegado de Planeación Nacional y del visto bueno de la señora Nuren Sánchez, el proceso tardó nueve meses para hacerse realidad, por lo cual el señor Argemiro Córdoba lo llama «un parto normal».

Uno de los últimos requisitos fue la realización de una monografía donde se relacionaran todas las características y potencialidades del naciente municipio, pues en el departamento no había ninguna reseña de Florencia. En este proceso fue importante la colaboración del profesor Segundo Parménides Ortega, quien se encargó de la redacción de este documento técnico.

Después de presentado el proyecto de ordenanza para la creación del municipio de Florencia, la Asamblea Departamental lo debatió los días 22, 23 y 24 de diciembre de 1992, siendo aprobado por unanimidad. Por su parte, el gobernador sancionó la Ordenanza 001, por la cual se creaba el municipio de Florencia, Cauca, el 4 de enero de 1993. Estas fechas se inmortalizaron en la memoria de los habitantes de Florencia y están impresas en el escudo del municipio.

La fiesta fue frenética. El júbilo de los florencianos no tenía límites. De Florencia viajaron varios carros y chivas hasta Popayán, donde esperarían la decisión de la Asamblea. La aprobación se conoció en la madrugada. El municipio había quedado vacío, pues de las veredas y de la cabecera se habían desplazado hacia Popayán con el fin de retornar en una nutrida caravana. Se comió lechona, se echaron cuetes y se bebió aguardiente. La fiesta inició en Popayán y terminó en Florencia, aunque es preciso anotar un hecho anecdótico: el día en que Florencia fue municipio, en el retorno de Popayán a Florencia, ¡uno de los carros se varó justo en Mercaderes!

Un último reto: elegir a un alcalde para el municipio de Florencia

La primera alcaldesa encargada del naciente municipio de Florencia fue la señora Zenaida Valdés Tejada, nombrada por el gobernador de ese tiempo Temístocles Ortega Narváez. Su mandato transcurrió entre los meses de enero a junio de 1993. Entonces, era el deber de los florencianos realizar sus primeras elecciones populares para elegir al que sería el primer alcalde de Florencia elegido por voto popular.

Al igual que al momento de elegir al candidato único de Florencia, este fue un momento de indecisión. Muchos fueron los propuestos, pero muy pocos los que tenían la voluntad de postularse.

Dado que el señor Oscar Ramiro Muñoz Fuentes tenía experiencia en la administración pública, un grupo de representantes del Movimiento Cívico Florenciano, conformado por los señores Silvio Guerrero, Emilio Luna, Bernardo Erazo y Bolívar Solarte, le propuso la candidatura para ser alcalde de Florencia. Sin embargo, el señor Muñoz Fuentes no quiso comprometerse, pues manifestaba que Florencia sin plata no se podía administrar. El mismo grupo también contempló como posibles alcaldes de Florencia a los señores Lorenzo Moncayo y Dagoberto Benítez, pero tampoco aceptaron la postulación. «A los potenciales candidatos les faltaba ser visionarios», manifiesta Argemiro Córdoba. «Y eso que era para aquí, que éramos poquitos. Ya no era como Libio que se enfrentó a todo Mercaderes», añade Nancy Gualguán.

Después de una consulta popular en la que se pactó que el elegido como candidato oficial del Movimiento Cívico Florenciano tendría todo el apoyo de los demás, resultó como ganador el señor Álvaro Gentil Erazo Bolaños, quien entonces se desempeñaba como contador público en la Cooperativa Indígena del Cauca y cuyo nombre fue propuesto por el señor Silvio Guerrero. Después de esta elección, el señor Lorenzo Moncayo, que inicialmente había rechazado la postulación, decidió lanzarse como candidato propuesto por el Movimiento Cívico Campesino y ser oponente del señor Erazo Bolaños en la contienda electoral, siendo éste un incumplimiento al pacto inicial. Según Silvio Guerrero y Nancy Gualguán, si Dagoberto y Lorenzo no se hubieran negado inicialmente, quizá alguno de ellos dos hubiera sido el primer alcalde de Florencia. Sin embargo, resultó elegido el señor Álvaro Gentil Erazo Bolaños, quien tuvo la oportunidad de ser el primer alcalde elegido por voto popular que llevara las riendas del municipio de Florencia. Los primeros miembros del Concejo municipal fueron Silvio Guerrero Narváez, Argemiro Córdoba, Modesto Luna, Idelfonso Morales, Flor Erazo, Álvaro Luna, Joselías Muñoz, Sacarías Pérez, Serafín Morales, Reimundo Chelo Ortega y David Vásquez. Desde entonces han sido siete los alcaldes elegidos por elección popular para administrar el nuevo municipio: Álvaro Gentil Erazo Bolaños, Oscar Ramiro Muñoz Fuentes, María Ángela Muñoz Moncayo, Isaías Ordóñez, Evelio Muñoz Cerón, José Miguel Paz Ballesteros y José Agustín Murcia Vásquez.

El día en que el gobernador visitó Florencia para entregar el nuevo municipio a sus habitantes, expresó lo siguiente: «Florencia es un ejemplo en el Cauca… Aquí vendrá gente a dividirlos, pero ojalá que la unión que tienen ahora prevalezca por siempre».

Alguna vez el licenciado Pablo E. Ordóñez Fernández dijo: «los pueblos quedan y seguirán tejiendo su historia a tramos, unos de auge y otros de decadencia». Ciertamente, el proceso de municipalización fue un tramo de historia determinante para el desarrollo de nuestro pueblo. Ahora, lo que todos esperamos es que el devenir de Florencia siga siendo de auge, siga siendo construido, como en un principio, con la unión de todos alrededor de un sueño en común.